Lunes , 24 Abril 2017
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Benin el pastor que duerme y sueña con el Niño Jesús

Benin, el niño pastor que duerme y sueña con el nacimiento del Niño Divino es, en el pesebre napolitano popular, el personaje más representativo: puesto al comienzo del camino del pesebre, es la culminación de varios hilos de la cultura occidental, sino también el símbolo de una vida más justa, en armonía con la naturaleza.

 

El pesebre popular napolitano es evidente de inmediato a la vista como un camino, a lo largo del cual se encuentra una serie de personajes “esenciales” codificados por una tradición de siglos de antigüedad.

El primero, el que se coloca en el comienzo mismo, de la tradición napolitana ha recibido el nombre de Benin, tal vez tomando la famosa Cantata dei pastori, una texto de teatro, una obra del jesuita Andrea Perrucci.

Al comienzo del camino del pesebre, este personaje atrae inmediatamente la atención y es commovedor tanto por su corta edad, tanto por la actitud: acostado en una cama humilde de hierbas, a menudo en un pajar, con un brazo para sostener cabeza echada hacia atrás, el pastor se abandona a la dulzura del sueño. Al costado, las ovejas pastan mansas, formando, con el durmiente, un cuadro idílico, que combina a la perfección el arte de la antigua poesía pastoril y la sencillez del Evangelio, mucho más profundo y más bien consciente.

Por supuesto, aquellos que hicieron los estudios clásicos pueden recordar los nombres famosos de Teócrito y Virgilio, maestros de ese poema llamado “poesía pastoril” que tiene como inspiración central la vida de los pastores, concebidos como los pocos afortunados en el mundo que todavía viven en armonía con la naturaleza.

De Virgilio se recuerda especialmente la línea de apertura de la primera bucólica: Tityre, tú patulaé recubáns sub tégmine fági … “O Titiro, tu echado a la sombra de un haya frondosa …

La mención del gran poeta latino no es aleatoria: Virgilio vivía en la ciudad de la Sirena, y fue enterrado allí, por su deseo expreso, se dice en la entrada de la cueva que conduce a Pozzuoli, y dejó una fuerte impronta en la cultura y folclore de Nápoles.

Entre las obras de Virgilio es famosa, además, la cuarta bucólica de Virgilio, en el que se habla de una nueva era de paz y armonía universal en relación con el nacimiento de un niño.

En Nápoles, a finales de Cuatrociento y principios de Quinientos, hubo el poeta Jacopo Sannazzaro, que escribió en la lengua vernácula un poema pastoral titulado Arcadia (la región griega celebrada por Virgilio, como la sede de la más genuina vida pastoral) y otro poema en latín, De partu Virginis (sobre el Parto de la Virgen María), como si el nacimiento del niño Jesús fuera inextricablemente ligado al mundo de los pastores. La tradición cultural del gran poema pastoral en la literatura italiana continuó en el Setecientos, con el movimiento poético llamado precisamente Arcadia, que asumió como protector el Niño Jesús.

En la figura de Benin, el pastorillo dormido en el comienzo mismo del camino del pesebre podemos, entonces, ver el resultado de varios filónes.

Pero, en primer lugar, al origen está la pagina del Evangelio de Lucas en la que cuenta cómo los ángeles trajeron el anuncio del nacimiento de Jesús precisamente a los pastores que velaban, al aire libre, sus rebaños.

Y también estaba la vida concreta de cada día, cuando los pastores, desde las afueras de Nápoles y sus aldeas, llegaban a la ciudad, empujando ovejas y cabras, para ofrecer a los ciudadanos los productos pastoriles.

La figura de Benin no es, entonces, colocada allí por casualidad: incluso las otras figuras, ninguna ocupa su posición en la pesebre con casualidad.

El sueño que rodea Benin no es el estado fisiológico, en la que el cuerpo, en reposo, se recupera las fuerzas que ha desgastado en el día. Aquí el sueño indica, por analogía, una condición del espíritu, de sensibilidad extrema y tensión; un estado, diferente del de la vida cotidiana, que aún no es la luz de una conciencia superior, pero que a esa lleva.

La del “sueño” es, pues, una imagen con la que se alude a la suspensión de la conciencia cotidiana; de acuerdo con el antiguo lema “quod superius quod inferius” (lo que está en alto es como lo que está abajo), las inefables realidades no pueden ser conocidas sino por imágenes que hablan no sólo al intelecto, sino para toda la persona. Sólo de esta manera se puede superar la contradicción de querer decir lo inefable (que, etimológicamente, es, de hecho, lo indecible). Contradicción enfrentada por Dante en la Divina Comedia, en especial en el Paraíso.

En la historia de la cultura, muchas veces estuvo representado este estado del “sueño” en el que hace un viaje extraordinario.

En la Eneida de Virgilio el Libro VI es dedicado al descensus ad inferos (descenso al abismo) de Eneas; al final de su viaje al otro mundo, del que recibe un nuevo vigor e impulso para su misión, el héroe sale de la puerta de marfil, de la que suelen salir los falsos sueños.

Dante, en el comienzo de su poema, dice que no recuerda cómo entró en el bosque, “estaba tan lleno de sueño en ese momento que el verdadero camino abandoné”; la pérdida en el bosque es el preludio y también la condición necesaria para el inicio del viaje.

Estos ejemplos son conocidos por todos; tal vez menos conocido un extraordinario texto de nuestro pleno Renacimiento literario, la Hypnerotomachia Poliphili, cuyo título significa literalmente la “batalla de amor en sueño de Polifilo”.

 

Porfilio Hypnerotomachia polipoli

Polifilo es el protagonista de una extraordinaria aventura del espíritu; su nombre significa “el que ama Polia” (figura femenina, que es, probablemente, la “sabiduría”). Mientras se angustia por su amor no correspondido, se duerme y empieza a soñar: se ve, de forma similar a Dante, perdido en un bosque oscuro y hostil, del que sólo apenas se las arregla para salir, cansado y sediento. Inclinado para beber en la orilla de un arroyo, se sienten atraído por una dulce canción que escucha en la distancia; por seguirla, tropieza con mucho más graves peligros; logrando de nuevo escapar, agotado por la sed, se echa a descansar, y de nuevo se ve atrapado por el sueño y en el sueño, empieza a soñar nuevamente. En la visión extraordinaria que sigue, revive toda la grandeza y decadencia de la antigüedad.

Este texto humanístico, emblemático y enigmático al mismo tiempo, que en nuestra cultura no ha tenido mucha suerte, a pesar de trabajar, por así decirlo en silencio y ayudando a formar un gusto, pertenece a la final de ‘400. Es, además, uno de los más bellos libros ilustrados del arte del impresor veneciano Aldo Manuzio. Una de las figuras que lo adornan muestra precisamente Polifilo que, tumbado bajo un árbol, duerme. La comparación con Benin se impone por sí misma.

Una de las mejores representaciones de Benin que yo conozco es la del taller de Maddaloni, que presento aquí, insertada en mi pesebre hace muchos años.

 

Benin
Benin
Pesebre Italo Sarcone

Pero también esta estatua es preciosa por la sonrisa de felicidad que se cierne sobre su rostro y que alude al maravilloso “sueño” que está “viendo”.

benin
Benin
Pesebre Italo Sarcone

Por supuesto, aquí el “sueño” no debe confundirse con los productos nocturnos de nuestra inquieta psique, que son a menudo maraña indescifrable y que a veces amargan el sueño. Aquí el término “sueño” se usa más por analogía que en el sentido propio. Es un sueño que está más cerca de lo que podría llamarse una “visión”.

Y usted, ¿ha pensado alguna vez en el pesebre como una maravillosa “visión”?

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